Las Arribes: el mirador de las Barrancas

Uno de los mejores miradores para entretenerse contemplando el Duero desde las alturas, es el denominado Mirador de las Barrancas, situado en el borde occidental de la comarca zamorana de Sayago.  La ruta que conduce hasta ese lugar, pasando por el teso donde se localiza la ermita de la Virgen del Castillo y los restos de un antiguo Castro Prerromano, es un agradable y fácil paseo, apto para todos los públicos.

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amanecer en el Sayago (Peñausende)

Un amanecer en tierras sayaguesas en invierno implica casi siempre heladas y niebla. El frío no es impedimento para hacer una pequeña parada y tomar alguna fotografía, antes de seguir el viaje hasta la pequeña población de Fariza, en pleno parque natural de las Arribes del Duero, inicio y fin de la ruta de hoy.

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iglesia de Fariza

Tras un paseo por sus calles para calentar piernas y ver algunas curiosidades como la fuente de la rodilla, el puente medieval o el calvario frente al cementerio, comienzo la ruta prevista que me llevará al Teso de la Ermita del Castillo, andando por el que llaman Sendero de los Molinos. Es un fácil paseo, de unos 4 kilómetros de longitud, que sigue el curso del arroyo del Pisón, entre fresnos y encinas.

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el arroyo del Pisón a su paso por Fariza, punto inicial y final de la ruta

Molinos veo pocos, aunque se perciben sus restos y los de sus correspondientes azudes que retenían y desviaban las aguas. Por cierto, que el agua escasea. El cauce está prácticamente seco a estas alturas del otoño, permaneciendo algunas charcas únicamente,  y no es necesario usar los rústicos pontones de granito que te encuentras a lo largo del camino para atravesarlo.

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molino del Maestro, el único que (restaurado) permanece en pie

En uno de esos pontones, llamado del Puerto, existe una desviación señalizada. Hay que tomar el camino que indica hacia la ermita, a la cual se llega tras una ascensión de casi un kilómetro, que no se hace pesada entre otras cosas porque uno camina entretenido disfrutando de las hermosas vistas de la garganta que el modesto arroyo del Pisón atraviesa entre canchales graníticos antes de unirse al Duero.

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garganta del arroyo del Pisón

Una vez arriba, en el verde teso donde ahora se localiza la ermita, uno siente que se haya en un lugar mágico y privilegiado, dominando el espacio que le rodea. No extraña que los vetones decidieran levantar castro aquí, en este enclave rodeado de dos agrestes acantilados por donde discurren el Duero al oeste y el arroyo del Pisón al este. El único acceso cómodo, el que había que defender del enemigo, está al sur, por donde actualmente llegan los turistas que se acercan en coche desde Fariza.

Turistas que al parecer acuden en masa cada año, el primer fin de semana de junio, junto a los peregrinos que realizan la romería de los viriatos (por eso del caudillo lusitano que dicen habitaba en este castro) desde todos los pueblos cercanos, incluyendo a los vecinos de Portugal, de la otra ribera del río.

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ermita de la Virgen del Castillo

Por ello, alrededor de la ermita hay un espacio acondicionado para el disfrute de los romeros. Mesas repartidas por la verde pradera que invitan a tomar un picnic. Y eso es lo que hago yo. Como es jueves laborable de noviembre no hay un alma en este lugar, y puedo elegir mesa para disfrutar de mi habitual comida de senderista (bocadillo de chorizo de Candelario) mientras saboreo también las espectaculares vistas sobre el Duero en un absoluto silencio.

En la misma explanada existe una pequeña “exposición al aire libre” con los restos del castro prerromano del siglo VII a.d.c. y unos carteles informativos para los curiosos que quieren enterarse de que va el tema, como yo. Todo bastante cuidado, pues por suerte aquí no han llegado los gamberros consentidos que van destrozando y enguarrando por todas partes este tipo de instalaciones.

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la ermita desde el sendero que conduce al mirador de las Barrancas

Desde allí, por un corto sendero que desciende en sentido norte se accede al Mirador de las Barrancas. Como todos los miradores que he visitado anteriormente, el enclave ofrece una hermosa panorámica de esta joya de la naturaleza que es el parque natural de las Arribes del Duero. Uno puede quedarse toda la tarde sentado disfrutando de la imponente visión de los canchales negros y escarpados, de las tranquilas aguas del Duero doscientos metros por debajo, de las águilas, buitres, halcones y todo tipo de aves que las sobrevuelan, del horizonte portugués el otro lado del río, y todo ello en un silencio absoluto que apacigua al espíritu más inquieto.

Pero hay que regresar, que a finales de otoño los días son cortos y en cualquier momento oscurece y yo no dispongo de buena visión nocturna. Así que emprendo la vuelta a Fariza por un camino que en algunos tramos está señalado como Sendero GR-14, esa senda de gran recorrido que recorre todo el Duero y que tanto apetece andar.

Así entre enebros y encinas, y también entre abandonados bancales con los habituales almendros y olivos, que desde siempre fueron la agricultura propia de esta comarca, llego de vuelta a Fariza con la impresión de haber visitado un lugar mágico, lleno de encanto, adonde desearía volver.

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el sendero de gran recorrido GR-14 a su paso por Fariza

Si quieres realizar la ruta, totalmente aconsejable, aquí te dejo el track GPS para seguirla.