Las Quilamas: Valero

La sierra de las Quilamas me parece un sitio realmente interesante para darle a la zapatilla mientras se disfruta de un bello paisaje. No son montes muy altos. La mayor elevación – el pico Cervero – ronda los 1500 m. de altitud. Pero la fuerte pendiente de las laderas que vierten sus aguas al arroyo que discurre abajo en el valle lo hacen más atractivo.

Es una mañana fría de otoño con una ligera neblina que pronto despejará.  Viniendo hasta aquí he realizado una corta parada para fotografiar desde sus campos el pueblo histórico de Monleón, con su torreón destacando sobre el caserío. A estas horas la luz tiene un tono especial.

Cuando llego a San Miguel de Valero, lugar de inicio de la ruta, el cielo está totalmente despejado y el sol calienta ya  de forma agradable. De este pueblo, situado en una llanura elevada sobre el arroyo Quilamas,  y de Valero, situado en el valle, justo debajo, solo sé que son sitios donde se produce mucha y muy reconocida miel.

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sierras de Quilamas y Francia (al fondo) desde la escultura que rememora la leyenda de la reina mora

Inicio el recorrido en el mirador donde han colocado la escultura que recuerda la leyenda de la mora Quilama (quién no conozca la historia puede enterarse un poco de que va en esta otra entrada de este mismo blog). Desde allí disfruto un rato del fantástico espectáculo que ofrecen las montañas, con el telón de fondo de la Sierra de Francia.

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Valero desde el mirador de San Miguel de Valero

Justo a mis pies, a tiro de piedra como quien dice, 400 metros más abajo,  se encuentra la Villa de Valero, encajada en el estrecho valle del arroyo Quilamas. En lugar de encaminarme directamente hasta allí,  emprendo rumbo norte, ascendiendo por una pista forestal que conduce al paraje de Castil de Cabras, una fortaleza natural que algún día he de ir a conocer. Otoño es seguramente, por luz y color, la mejor época para fotografiar entornos naturales, y por estos montes que flanquean el estrecho valle del Quilamas las panorámicas son estupendas.

 

Exceptuando el pinar que crucé al salir de San Miguel, son jaras, brezos y escobas las que tapizan el suelo en todo el recorrido. Y entre estos arbustos me interno, después de 4 km. de pista fácil, por una senda que según los mapas consultados desciende hasta Valero. No está señalizada, y la he encontrado porque la llevaba marcada en el GPS, ya que no es demasiado visible. La maleza está bastante crecida y el camino algo difuso en este tramo. Por ello, y porque uno anda a veces algo despistado, me confundo y sigo lo que seguramente sea una senda marcada por jabalís u otros animales.  Empiezo a caminar con dificultad entre la espesura de estos arbustos, que me superan en altura, y que ahora se mezclan con retoños de encinas. Llega un momento en que tengo que retroceder y regresar al inicio de la senda, porque es realmente imposible seguir, a pesar de saber por el GPS que el camino lo tengo solo a unos 15 metros de distancia.

Mientras tanto, varios grupos de buitres negros y leonados se deben haber percatado de mi presencia porque no paran de dar vueltas por encima. Acostumbrados como están a ver grupos de huesudos y fibrosos montañeros, celebran ver un ejemplar aislado, de gran volumen, perdido entre la maleza. Lo mismo piensan que van a tener un festín. Por cierto, que por aquí, en cuanto a fauna salvaje, se pueden ver lobos y linces. Bueno, más que ver, existen, pero será difícil avistar alguno.

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buitres buscando comida

Una vez retomada la senda, y ahora más atento para no perderla, vuelvo al descenso entre jaras, escobas, brezos y encinas. Algún grupo de castaños y cerezos ponen la nota de color. La cantidad de agua de rocío condensada en los arbustos entre los que tengo que abrirme paso, me va calando poco a poco.  Después de tres kilómetros de marcha, empapado como si hubiese estado lloviendo, llego hasta un cruce con otro camino más ancho, empedrado y bien soleado, con buenas vistas sobre el valle. El sitio ideal para descansar y poner a secar la mochila, la ropa, la cámara de fotos y a mi mismo.

 

Mientras descanso y lleno algo el buche me dedico a observar el angosto recorrido del arroyo Quilamas que tengo a mis pies. Los picos que lo rodean, destacando  los canchales de Peña Venero, donde se sitúa la Cueva de la Mora que visité ahora hace dos años, perfectamente visibles al noroeste.  También diviso desde aquí la villa de Valero, que está a menos de dos kilómetros hacia el sur.

Lo primero que veo al llegar al pueblo, es la  piscina natural que han preparado en el arroyo, aprovechando las ruinas de una antigua central eléctrica. Detrás, un interesante puente medieval y justo pegado a él, casi ocultándolo,  otro puente más actual. Uno de los más feos y torpes que he visto en  mi vida. Dos grandes pilas de hormigón sosteniendo un tablero. El mismo diseño que haría un niño de dos años.

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los dos puentes a la entrada de Valero

“Es que por el antiguo no cabían los camiones” me comenta un lugareño extrañado de que saque fotos al mazacote de hormigón. No sabe que son para mi colección de horrores que voy encontrando por los caminos. Desde luego que estoy a favor de aplicar las últimas tecnologías y todos los avances que están en nuestra mano para mejorar la vida de nosotros, los humanos. Solamente me gustaría que se hiciese con un poco de sentido del entorno, histórico y estético. Aunque soy consciente de que este aspecto importa un bledo a la mayoría de los humanos, sobretodo a los que viven en peores condiciones, que se sentirían felices por tener telefonía móvil,  aunque para ello les tuviesen que plantar un enorme pedazo de antena en medio de la plaza de su  casco histórico urbano.

Quizás yo esté equivocado y algún día, dentro de mil años, los eruditos estudiosos del pasado, encuentren en este puente sobre el arroyo Quilamas, un bello ejemplo de la ingeniería de la Edad de Hormigón.

 

Por lo demás, la villa de Valero es, como casi todos los pequeños pueblos que uno se encuentra por nuestra geografía, una mezcla más o menos afortunada de antiguas edificaciones rurales, que respondían a una manera local de construir, con modernas y casi siempre anodinas construcciones, que siguen el mismo modelo tanto aquí, en la serranía de Salamanca, como en el desierto de Almería. el “estilo internacional” aplicado a la sencilla vivienda urbana.

El caserío es pequeño y se recorre en poco tiempo. A destacar la gran abeja de piedra que han colocado en el centro de la plaza del pueblo, para homenajear a la gran trabajadora del lugar. Por cierto, leí que había 60.000 colmenas por aquí pero yo no he visto ni una. ¿Habrán desaparecido al no poder aguantar la competencia de la miel y polen que vienen de china?.

No son las cinco de la tarde y ya se ha puesto el sol en  Valero. Es lo que tiene el estar encajonado y hundido en un profundo valle. En verano seguro que se está bien aquí, pero los inviernos los imagino duros. Desde el antiguo camino que sube hasta San Miguel, y que ahora en las rutas aparece marcado como camino de los Trasiegos, observo los tejados del caserío. Y también la plaza de toros, que con razón me decía un paisano a la salida del pueblo, es la plaza más grande del mundo. Luego me aclaró: “la más grande es la de México, que salió ayer por la tele. Pero en ésta puedes ver las corridas desde cualquier punto de lo alto de la montaña ….”  Cierto. Menudo anfiteatro.

 

Este camino viejo lo usaban todos los días los valeranos que tenían que subir, por cualquier motivo hasta San Miguel de Valero.  “Yo lo subía a menudo con la maleta de madera en los hombros, para coger el coche de línea…” me ha contado el mismo paisano, “hasta que decidí emigrar a Brasil, y cuando regresé 17 años después ya había carretera …”

La gente de antes lo aguantaba todo. A mí me resulta dura la subida, aunque también es verdad que llevo todo el día andando y noto las piernas cansadas. Para colmo, a los 3 km. de continuo ascenso, yo he añadido 2 km. extra por desviarme del camino, algo que empieza a ser habitual en mis escapadas. Y es que desde que llegué a Valero el GPS ha perdido cobertura, y los terrícolas de hoy en día, sin electrónica que nos guíe estamos perdidos.

Aquí tienes el track GPS  de la jornada, con errores incluidos.